AMORES Y DESAMORES

Según las últimas encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas y de acuerdo con los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística, el comportamiento de las parejas españolas ha variado mucho en los últimos años.

La edad media de casamiento para los hombres está en 28,7 y para las mujeres en 26,2, lo que les coloca en dos años por encima de la media europea. Las causas hay que buscarlas en la dificultad de encontrar un trabajo estable, en el elevado precio de la vivienda y en que la juventud actual alarga el momento de la independencia y permanece en la casa familiar más tiempo, dado que cuenta con el apoyo y la tolerancia necesarios para una convivencia aceptable.

En cuanto al nivel educativo de las parejas, hasta los años noventa las mujeres solían ser de un nivel educativo y social inferior al del hombre, constituyendo el matrimonio en muchos casos una forma de avance en la escala social para la mujer. En los años 90 se observa una tendencia a la igualdad social y cultural de la pareja y en los últimos años se observa que en muchos casos la mujer pertenece a un nivel cultural superior al del hombre. La causa parece encontrarse en el acceso mayoritario de la mujer a la educación y en que suele obtener mejores resultados académicos que el hombre.

El número de parejas de hecho, las que conviven sin haber legalizado su situación, ha aumentado considerablemente en los últimos años. Constituyen el 2 por ciento del total, si bien es cierto que el índice de separación en estas parejas alcanza casi un 50 por ciento. La actitud de la sociedad española hacia ellas ha evolucionado favorablemente y gozan de una gran tolerancia social hoy día.

La actitud de las nuevas generaciones ante el matrimonio ha cambiado notablemente: ya no ven el matrimonio como algo para toda la vida. Toman una actitud más relajada: si sale bien puede durar, si no... será cuestión de buscar la felicidad en otra parte.

La ley del divorcio, en 1981, vino a solucionar los problemas de muchas parejas cuya situación había llegado a ser muy conflictiva. Sin embargo, a partir de entonces, las separaciones y divorcios por mutuo acuerdo, han ido aumentando hasta llegar a ser la tónica general hoy día.

De acuerdo con los datos facilitados por el Instituto Nacional de Estadística y el Consejo General del Poder Judicial, el número de matrimonios, tanto religiosos como civiles, ha experimentado un notable descenso, mientras que el número de separaciones y divorcios ha experimentado un aumento considerable.

A partir de 1989, en que se celebraron 221.470 matrimonios, el número de los mismos empieza a descender paulatinamente hasta 1996 en que el número de matrimonios se reduce a 190.780.

En cuanto a divorcios y separaciones se observa el fenómeno contrario. Se aprecia un incremento paulatino de los mismos desde 1982, en que se produjeron 33.899, hasta llegar en 1997 a la espectacular cifra de 111.854, que suponen un incremento del 33,3 por ciento sobre el total de separaciones y matrimonios llevados a cabo el año anterior.

Aunque para el panorama español estas cifras resulten un poco alarmantes, parece ser que son similares a las que se registran en el resto de Europa. En lo que respecta a la actitud de la sociedad española ante el divorcio, el 72,8% de los españoles opina que es la mejor solución cuando una pareja no es feliz, aunque tenga hijas o hijos pequeños.

Parece existir una relación evidente entre el aumento de separaciones y divorcios y la independencia económica de la mujer. Según el barómetro europeo de Eurostat, el número de mujeres que trabajaba fuera de casa en España en 1995 era del 43%. Así la mujer adquiere más formación, más información y más poder de negociación en las relaciones de pareja y puede optar por la separación o el divorcio cuando se acaban la felicidad y la armonía conyugal.

Hasta 1990 las causas principales de divorcio solían ser los malos tratos, la ludopatía, el alcoholismo y la infidelidad. Sin embargo, en la década de los 90, la responsable de muchos divorcios es la infelicidad porque las personas buscan una vida mejor.

Suele ser la mujer quien pone la demanda de divorcio, aunque tiende a sentirse culpable de la ruptura cuando no median infidelidades ni malos tratos. Cuando se enfrenta con una separación o un divorcio, la mujer siente miedo de la soledad, el envejecimiento y la falta de ilusión; mientras que al hombre le asusta cambiar de casa, organizar la rutina doméstica y, sobre todo, dejar de ver a sus hijos. Los hombres se quejan de que los jueces, excepto en casos excepcionales, entreguen la custodia de los hijos e hijas a las madres y de tener dificultades para verlos en muchos casos, aunque ahora parece que se exige a las madres el cumplimiento de las visitas del padre con más severidad.

En la mayoría de los casos, los hombres deciden divorciarse porque ya han organizado su vida con otra mujer, mientras que son muy pocas las mujeres que tienen otro compañero cuando toman esta decisión.

Parece ser que los divorciados, y sobre todo las divorciadas, no quieren cometer el mismo error dos veces. A juzgar por las estadísticas, solamente un 27% de las mujeres divorciadas y un 38% de los varones vuelven a casarse. Crecen así los hogares unipersonales, que constituyen el 13% de los hogares. Un 4,5 de la población vive sola haciendo realidad el dicho " mejor solo que mal acompañado".


Tecla: edición de 23 de febrero de 1998

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